ig.la

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Sebastián Cruz

Bogotá-Colombia, 198*.
Tiene especial interés por la informalidad, la imitación y las prácticas colectivas, colaborativas y participativas. Todos los días procura desaprender algo nuevo y acepta (casi) todas las invitaciones a colaborar/participar/aportar en otros proyectos y colectivos que se proponen desde esas prácticas.

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Texto Sebastiá Cruz:

Todo es importante (por diez segundos).

La última vez que escribimos sobre este proyecto, Alejandra sugirió agregar al título “por 10 segundos”, el énfasis hace resonancia con una de las preguntas que subyace a este proyecto: ¿Cuál es la vida de las imágenes después de publicadas?

Llevo aproximadamente tres años coleccionando capturas de pantalla de textos publicados en Instagram, sin saber muy bien porqué o para que. La invitación a Prosopagnosia fue un pretexto ideal para tratar de darle sentido a esa operación de acumulación y republicar algunas de esas imágenes/texto juntas.

El hilo de imágenes/texto que compartí a lo largo de la residencia hace un comentario al hábito de publicar/ subrayar lo que leemos, y preguntan por lo que le sucede a esos textos al ser “abducidos” de sus contextos y traducidos como imágenes, y al ser presentados (en muchos casos) sin referencias bibliográficas.

Me interesa lo maleables que se hacen, la posibilidad de componer nuevas imágenes y la potencia de re-escribir usando fotos u oraciones en lugar de letras y palabras.

Uniones libres, caprichosas, azarosas, amañadas:

La imagen que vemos en la pantalla no es plana, solo lo es el soporte y el espacio que ocupa; la imagen en sí es un universo a la vez concretoyabstracto, realysimbólico, con un equivoco sabor humano.

¿La imagen empiezaytermina o apareceydesaparece? ¿La abstracción es la anulación de la forma y conlleva al des-aprendizaje?
¿El símbolo es el punto de partida de la formación de la imagen?

Sebastián Cruz Roldán | 20.12.05

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Texto Ignoranciala:

En la vida paralela, secreta y pública que llevamos en la red, cada lectura está mediada por el usuario; aunque estuvo mediada antes por quien la compartió, la guardó, la fotografió y, antes, por quien la leyó y la escribió.

Muchxs, mientras leemos, no solo subrayamos algo que nos interesa

sino que sentimos el impulso de tomarle una foto y luego la necesidad de compartirlo con nuestro pequeño club de seguidores; como si esto dijera algo de nosotrxs o como si quisiéramos mostrar a otrxs que leemos, que somos gente que está pensando, reiteramos ese gesto con una necesidad casi infantil de publicar algo que resonó, habló o causó gracia tal vez; como una posibilidad de que las imágenes que arrojan

las palabras sean más que imágenes mentales.

De forma casi estorbosa, intensa, incómoda de navegar, Sebastián saturó el feed de Instagram con fragmentos de textos encontrados y tomados del perfil de otras personas, textos que hacen parte de una colección que ha estado haciendo durante algún tiempo y que continúa creciendo (tal vez porque está interesado en los contenidos, porque encuentra un hilo conceptual que los une, o porque estaba, desde el inicio, armando una colección).

El ejercicio que planteó sugería una relación distinta a la que tenemos con la plataforma, proponía leer: algunos días palabras inconexas,
otros frases concretas, y la mayoría, extensos párrafos de información que exigían ampliar la imagen para descifrar las letras pequeñas.

Su propuesta implicaba detenerse y, por unos instantes, sentirse fuea del ocio, del chiste y del chisme que se acostumbra a consumir en ese espacio. En la nueva imagen se mezclan idiomas, se habla de amigos japoneses y de amor; a veces se cuestiona la nación (y no importa qué nación); hay poesía y palabras borradas; se alcanza a leer sobre límites y fronteras, sobre educación y mediación, sobre moral y virtud.

Sebastián nombró el proyecto de su residencia todo es importante, podría agregar que todo es importante por 10 segundos, hasta que la imagen que sigue se convierte en el foco de atención. Al ver contenidos sumados hasta el cansancio, de manera obsesiva e invasiva, el montón de fragmentos pierden su forma individual para convertirse en parte de un juego, una sopa de letras, un laberinto de información. Desplegados en la red, esos contenidos ya no pertenecen a nadie: ni al autor del libro, ni a quien tomó o publicó la fotografía, ni al lector; y se convierten en una nueva unidad, una nueva imagen con un nuevo sentido que construye otras narrativas desligadas de la original.

ignoranciala: Alejandra Jaramillo Paba | 2019.12

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