ig.la

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Paula Vélez,

Medellín-Colombia, 1972.
Vive en París hace varios años. Es artista visual y sonora, también hace cine y música. Su práctica transita entre los intersticios y las fronteras, trabaja con diferentes medios y mezcla máquinas sonoras,
videos, grabados, fotografías, dibujos y diseños de escenarios. Sus proyectos son temporales, nómadas, autónomos, participativos. Sus indagaciones pasan por la filosofía, la sostenibilidad social, ambiental y económica, y están influencias por el pensamiento libertario.

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Haciendo memoria, todo parecía invierno.

Por esos días de Prosopagnosia ya era primavera, pero parecía un invierno alargado, largos años pegados unos con otros en ese 2019.

Eso de tomar fotos con un teléfono en un tiempo en que no se sentían venir cosas buenas:

Miles de manifestantes en el mundo entero expresaban no poder soportar las condiciones de vida, trabajo, desempleo, precariedad, desproporción, y lo absurdo de las políticas asociadas a un sistema económico des- enfrenado hacia su caída. Cada vez que miraba a mi alrededor en esos días húmedos de un tiempo bastante húmedo en Paris, me sentía oscura. Esa es la memoria que tengo, como de algún otro invierno.

Apuntaba con la cámara del teléfono, que nunca me ha gustado y a la que siempre he opuesto resistencia, porque suelo ponerlo todo en cuestión sin cesar. Es una actividad cotidiana eso de estar poniendo todo en cuestión, quedo bastante exhausta al final del día; lo que pienso lo pongo también en cuestión para ver qué es lo que hace parte de una costumbre aprendida y qué no, y para ver si no lo he contrastado aún con lo que siento, lo que percibo o con mis experiencias. Eso sí, al final termino apuntando con esa cámara también, la del teléfono.

Después ocurría, en esos días fríos, que me sentía oscura, y que la imagen que estaba mirando me devolvía en espejo, al frente mío, la actitud o la sensación de la que no lograba deshacerme, una especie de pesimismo melancólico o más bien como una desazón.

Era precisamente lo que no tenía ganas de que saliera en las imágenes; sin embargo, aparecía allí con una estética parca, aburridora, sin interés. Las imágenes
estaban entre ellas descosidas, sin ningún hilo que las hiciera tener sentido entre sí, y lo único que parecía

ver a través de ellas era como una predicción distópica; como para musicalizar en una secuencia de solo cuatro notas en bajada de medio tono a medio tono, una detrás de la otra, en escala desafinada menor con legato. Como quien daña la fiesta.

Solo entonces pensé que esas imágenes eran como un presagio post-post-post apocalíptico, algo de lo que queda cuando todo se jode; lo que quiere decir también que aunque haya una distopía en el post-post-post, va a haber de todas maneras algo, algún vestigio de que ahí afuera todavía hay una cosa que seguirá viva.

Paula Vélez | 20.10.31

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Recuerdo la fascinación que sentí cuando fui al Día del robot en la Universidad Nacional de Colombia, todavía la tengo; aún me da nostalgia de los días de El Suiche en los que me sorprendía su performance como Vj; y siguen siendo relevantes proyectos como TUPV* (Trae un (tu) proyector de video). Siempre me causó intriga y admiración su presencia no protagónica, y todavía me da curiosidad su postura sobre la idea de colaboración.

Revisar el trabajo de Paula, el que he visto personalmente y el que está “colgado” en su página web, me permitió conjeturar respuestas (a las supuestas preguntas) que contestan cuestiones formales y técnicas comúnmente usadas para crear un perfil: año de nacimiento, estudios realizados, o en qué está trabajando ahora. Elegí no tomar ese camino, está casi todo escrito por ella en su perfil web: http://paulavlzbr.contactin.
bio/  Así que en vez de una entrevista, esto terminó siendo una carta para Paula y una corta divagación de ideas sueltas y un poco inconexas. Espero pronto conversar con ella frente a frente para indagar, en una sesión de chismoseo, sobre nombres, tiempos, circunstancias, errores, fracasos y dudas.

Es posible que haya sido un error desconfiar de las preguntas no terminadas y confiar en las respuestas imaginadas, que sé que no son suficientes para satisfacer la intención inicial: el deseo de conocer a Paula, conversar con ella, dar un paseo por las calles de París, recoger sus gestos, desvíos, silencios, ruidos y titubeos, y buscar esas imágenes post apocalípticas que publicó durante la residencia. Hasta que eso ocurra, voy a continuar perdido en mi idea tal vez platónica, ignorando la necesidad de respuestas ciertas. Perdido también se está bien.

ignoranciala: Jaime Carmona Múnera | 2019.07

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