ig.la

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Carolina Cerón

Bogotá-Colombia, 1982.
Es artista, curadora y profesora de arte y curaduría. En su práctica curatorial explora posibilidades del formato expo- sitivo y pone en tensión el espacio y sus posibilidades desde lo contingente.

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Este texto lo he estado posponiendo por meses. El no conocer personalmente a Carolina me ha producido un tipo de presión inesperada: nervios, pánico escénico ante la presentación de este texto a ella. Nos demoramos varios meses en concretar la fecha de inicio, pendientes y compromisos en el medio. Conversamos la posibilidad de conocernos, yo ir a a Bogotá, o ella vendría a Medellín a la presentación de un libro, ambos planes en septiembre.

Para este ejercicio he ido a revisar nuestra correspondencia digital: Carolina nos contactó para ser residente. En el correo le respondí emocionada que su autopostulación era muy bien recibida, que nos alegraba que el ruido digital estuviera llegando un poco más allá de nuestros amigos. Nos presentamos torpemente, con errores de ortografía incluidos:

Para conocernos un poco más, te cuento un tris sobre nosotros: Somos Alejandray Jaime, (en este caso te responde Alejandra), e ignorancia.la es un proyecto/espacio/ ensayo para jugar y explorar temas y formas que nos causan curiosidad en relación a las prácticas artísticas. Ambos éramos parte de un espacio autogestionado en Medellín, y nos quedó la espinita sobre cómo conversar, y (sobretodo) preguntar, pueden llegar a ser en sí mismas la producción artística. Entonces estamos pensando este proyecto como un espacio ultra flexible que nos sirve como plataforma para juntar temas de interés común, y excusa para acercarnos a personas cuyas formas de pensamientoy producción nos interesan para proponer otras conversaciones. Estamos improvisando y aprendiendo todo en el camino. Jaime es arquitecto y vive en Lisboa y yo, artista visual y estoy en Medellín.

Carolina se presentó:

Cuando pequeña asistió a Satán, un colegio para señoritas en la capital. Ahí aprendió a ser testigo silencioso de la química abrumadora de la existencia. Se preocupa.
Todo le preocupa. Nada la ocupa del todo. Es profesora. Vive y respira en Bogotá.
Pero bueno, si. Si toca definirse así, algo así hago y soy. Trabajo como profesora, dicto varias clases, entre ellas curaduría en el departamento de arte de la Universidadde los Andes en Bogotá. y por lo general hago proyectos de curaduría. Me gustó mucho la residencia de ustedes porque también tengo un proyecto de una exposición en línea que está en reforma y a la que espero invitarlos pronto.

No logramos conocernos, y retomamos la conversación varios meses después, cuando le propusimos que fuera la residente en junio (2020), cuando todos empezamos a saludar y despedirnos en los correos deseando al otro y esperando que “los tiempos raros” le estuvieran tratando bien.
Me parece extraño pensar que si nos encontráramos mercando, en el pasillo delos huevos, tal vez no nos pudiéramos reconocer y no llegaremos a saludarnos. Mencionó sus intenciones para la residencia: utilizarla como una especie de taller virtualpara explorar tres ideas, una especie de Block de notas virtual y publico. Me compartióuna lista de autoras que tenía pendiente por leer luego de yo mencionarle que esto era algo que teníamos en común. Puedo sumar a Carolina en la lista de mujeres que no conozco y debería conocer. Mujeres de las que me gustaría ser amiga pero aún no nos hemos conocido. De cierto modo la lista de autoras es esto mismo.

Carolina desarrolló una metodología para abordar la residencia, clasificó los díasen tres tipos, y según el día (uno, dos o tres) las publicaciones responden a una pregunta:
Conversaciones con bots (la mayor a llamados con nombre femeninos -lo femenino una vez más dispuesto para la resolución de problemas, de asistente-), imágenes de huevos, o la búsqueda de la palabra huevo en libros escritos por mujeres.

La selección de imágenes y textos construyen una red delicada que devela unas tramas históricas y complejas que, de forma aparentemente inesperada, se ven reveladas por la reiteración de gestos y formas que se van sumando hasta hacerse imposibles de ignorar pero al mismo tiempo difíciles de nombrar. Hay algo que palpita alrededor de la creación, la fragilidad, el cuidado. Algo se teje entre las menciones de desayuno constantes en los textos (referencias al huevo evidentes) y los bots femeninos que responden preguntas absurdas con un tono entre cínico y hastiado.

Del estar obsesionado es tal vez de donde parte el acto creativo, en el entramado que la persona due a de la obsesión ve pero no tiene muy claro cómo traducir a palabras, en el deseo de explicarle al otro la trama que para el obsesionado es evidente. Las imágenes de Carolina, son el despliegue de una búsqueda o la persecución de una intuición, el rastreo de unos gestos maternales, femeninos, arquetípicos, que se entrecruzan con relatos que contienen los mismos gestos: unas manos que con cuidado sostienen un huevo, y este, el huevo, contiene el universo, el origen, el alimento primario, la forma original. El misterio del origen.

El conjunto de imágenes tienen una armonía extraña, hay una especie de juego de miradas y diagonales, pero sobre todo de manos: los dedos que teclean el teléfonos y los dedos que toman con cuidado el huevo, los dedos que pasan las páginas. Esto es una idea que no tengo claro cómo desarrollar, pero me quedo satisfecha con esta intuición que no logro concretar en palabras porque creo que de cierta manera es continuar encontrando trazos que se suman a la red que intuyo en el ejercicio de Carolina.

ignoranciala: Alejandra Jaramillo | 20.11

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